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Publicado el 4 de Mayo de 2011 en Asignatura
Noticia de la diócesis de Plasencia.

Queridos padres:

Me vais a permitir que me dirija a vosotros cuando sé que estáis tomando una de las decisiones más importantes en relación con la educación de vuestros hijos: los estáis matriculando para el próximo curso. Estoy convencido de que para vosotros es algo más que una rutina. Sé que es una decisión que os tomáis muy en serio, pues, al fin y al cabo, los responsables últimos de su educación de vuestros hijos sois vosotros, aunque en el centro educativo, de iniciativa pública o privada, sean los profesores los que los que os ayuden. Me consta, además que queréis una educación de calidad, la que mejor garantice a vuestros hijos la madurez humana y social en el mundo actual. 

Os escribo para compartir con vosotros algunas preocupaciones en el terreno de la educación, pues, como sabéis, nos todos los modelos educativos se ajustan a nuestras convicciones. Ya sabéis que algunos ponen en peligro o falsean un modelo de persona y de sociedad sano humana y cristianamente. La educación hoy es un gran escenario en el que se ponen en juego muchos intereses, a veces muy sutilmente, e incluso al margen de los verdaderos actores: los alumnos y sus padres. Aunque siempre hemos de confiar sobre todo en los profesores, es razonable que, en la medida de lo posible, los padres intenten evitar un modelo educativo impuesto, especialmente cuando se pretende imponer valores y conductas que son contrarios a los principios que mueven nuestra vida, como a veces ocurre con los planteamientos de alguna asignatura concreta. Para ello hay que estar informados y siempre hay que buscar lo que se considere mejor para los hijos.

Para una educación que esté de acuerdo con vuestras convicciones cristianas o que consideréis que ha de ser afín a vuestros valores, os propongo que confiéis en la Iglesia, en su educación religiosa. Como muy bien sabéis, tenéis derecho a que vuestros hijos asistan a la clase de Religión Católica, que está en la escuela no como un privilegio, sino como un derecho, pues los niños católicos o de cualquier otra religión, han de recibir en la escuela la enseñanza de la religión que profesan. El Estado, por tanto, tiene el deber de garantizaros en la escuela la enseñanza de la Religión. El obispo, por su parte, tiene también el deber de preocuparse de que no le falte a vuestros hijos un profesor adecuadamente capacitado para la enseñanza de la Religión Católica y que además sea un verdadero testigo de lo que enseña.

Y a vosotros os compete algo muy importante: matricular a vuestros hijos en la clase de Religión y Moral Católica, según las normas de la Consejería de Educación. Es verdad que, a veces, son complicadas esas normas y que no se entienden del todo en sus procedimientos e incluso no se informa adecuadamente de ellas en algunos casos. Sin embargo, aunque tengáis que hacerlo con dificultades, hay que cumplirlas, si no queréis que vuestros hijos se queden al margen de este derecho. Por eso os animo a estar informados para que un problema burocrático no sea la causa de que vuestros hijos no asistan a la clase de Religión.

Estoy seguro de que os ocupáis de educarlos religiosamente en vuestras casas y de que los lleváis a la parroquia para su iniciación cristiana, al menos hasta que reciban el Sacramento de la Confirmación, pero todo eso, siendo importantísimo, no es suficiente. También es necesario que vuestros hijos e hijas, en el ámbito de su educación escolar conozcan la Religión Católica en la que han sido bautizados y que es la de sus padres. Lo religioso no puede estar al margen del conjunto de los otros conocimientos que reciben, pues es un elemento fundamental del desarrollo del ser humano. Conocer bien la Religión de cada uno y los valores que de ella proceden no pueden estar al margen del desarrollo intelectual y cultural de los niños y niñas. La Religión es necesaria para el crecimiento armónico, humano, espiritual y religioso de los alumnos.

Por tanto, os insisto en que apuntéis a vuestros hijos a la clase de religión. Además, si no estáis a gusto con el actual sistema de matriculación y con la distribución de las clases, como me consta que sucede en algunos tramos de los ciclos educativos, por ejemplo en Bachillerato, os animo a que mostréis vuestra opinión ante las autoridades competentes. Vuestro es el derecho y a vosotros han de atenderos los servidores públicos.

Gracias por vuestra atención. Y sabed que, si os escribo y entro en vuestros asuntos, es sólo con el afán de ayudaros. Mi interés por la educación católica de vuestros hijos se apoya, sobre todo, en que me consta que vosotros lo tenéis, como lo demuestran los porcentajes de matrícula, que son muy altos para las dificultades que tenéis y tiene los chicos para asistir a la clase de Religión.

Con todo mi afecto.

+ Amadeo Rodríguez Magro - Obispo de Plasencia

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